La más practicada, con perros de acoso, acostumbra a efectuarse en batidas, con permiso de la Administración, a finales de la temporada de caza. Es espectacular y muy deportiva. Una buena organización previa es necesaria, así como preferible tapar las madrigueras conocidas la noche anterior a la batida con trapos multicolores: el animal no se refugiará en ellas. Los cazadores deben permanecer en sus puestos, en la proximidad de los pasos más transitados por los zorros, en medio de un gran silencio.
Los animales que han notado la presencia de los cazadores, darán grandes rodeos por la espesura, resistiéndose a salir a los pasos vigilados o buscando una salida no guardada. Todos los perros siguen el rastro del zorro tenazmente, y los persiguen con alegría, latiendo con grandes gritos; pero la jugarreta más astuta es lanzar tras él a perros de poca talla, mordedores (fox, teckel, jagd terriers), guiados por los fuertes ladridos de los perros de acoso (beagle, bassets, basset de Artois, griffones); también se puede emplear el gran anglo-francés, grandes griffones, grandes griffones vendéen o nivarnais, los ariegeois, poitevin o fox hound.
Acosado por los perros, el zorro si logra distanciarse, se para frecuentemente para escuchar y situar a su perseguidores. El cazador debe vigilar constantemente a su alrededor, ya que el zorro puede llegar con los “pies acolchados”, por un sendero o por la orilla del bosque, observando atentamente alrededor, antes de saltar velozmente, sorprendiendo al cazador que fallará su blanco. El cazador debe permanecer completamente inmóvil, sin hablar, y mucho menos fumar, y verá como llega la zorra en dirección hacia él, atenta solamente al peligro que trata de dejar tras de sí.
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